Experiencia de un encuentro cena mas hotel .

el mundo necesitanaturalidad

 


Gracias Martina

Hola,

Ante todo, Martina, permíteme que te agradezca ahora que nadie nos escucha el reencuentro que tú me brindaste con el Sexo. Aquellos instantes que se tornaron en eternos, aquellos momentos que pude llenar y me enseñaste a saborear. Llevo media vida soñando con mujeres de tu calado, mujeres que dejan huella, féminas cargadas de impronta, con la sinceridad del sabor de la tierra, y la ligereza que ofrece la esencia de la brisa. Jamás me han atraído esas barbies despersonalizadas, impúdicamente perfectas pero frágiles, falsas, monumentos al cartón-piedra y semidiosas de silicona. En cambio tú, tú que llenas tu blog con mil y una fotografía donde nos regalas tu sonrisa, tu espontaneidad, tu saber ser, tu manera de seducir y donde las formas mezclan como debe ser una mujer con el como es una Diosa. Hetérea, perfecta, hija de Botero y Rubens, redonda como debe ser toda mujer que se precie al irte descubriendo poco a poco, siendo dueños del tiempo y no esclavos del reloj. No recuerdo mayor placer a mis sentidos que charlar contigo mientras cenábamos, disfrutar más con la mirada que cuando descubrí la redondez perfecta de ese pezón que culminaba tus pechos, o tacto más placentero que sentirte húmeda mientras te penetraba, ir sintiendo mi polla erecta como hacía tiempo que no tenía que te iba perforando, escuchándote gemir, como sudabas y llegábamos al mismo compás, y esa lengua que me recorrió por entero sellando labio contra labio, beso contra beso, dulzura, cariño, pasión, Sexo, dos en uno, follar, joder como posesos. Descubrir ese conejito playboy corolando tu sexo, o ese osito de Tous mientras gritabas a cuatro patas ante mí, como tus tetas antes altivas ahora blandían el aire acompasadamente a tu placer. He estado con putas en mi vida, he conocido todo tipo de mujeres mas instantes eternos como esa noche, descubrir que gozábamos ambos, escucharte correr, humedecerte, implicarte, ser más de la mitad de lo que vivimos esa noche me reitera en mi deseo de volver a penetrarte una y otra vez, de espaldas, de cara, de sobarte los pechos, de sentirte mojada, de conocer como debe ser un coñito perfecto, de sentirme un auténtico Zeus…No te diré quien soy, Martina, pero estoy seguro que si te recuerdo que mi vino es el Borgoña y hay quien me llama Barba negra sabrás perfectamente quien soy.

Volveremos a encontrar el camino del Sexo, volveremos a disfrutar del tiempo, echo de menos tus pechos, la suavidad de tus tetas y la humedad de tu coñito feliz, porque este Mundo busca más Diosas Venus que Madames Bovarys.

 

 

 

 

 

 

 

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