Gastrosexual

Después de los metrosexuales y los fofisanos llegan los… gastrosexuales.

El origen del concepto de gastrosexual lo encontramos en un estudio realizado por una consultora en Londres, Future Foundation, sobre las nuevas tendencias en las artes amatorias y armas de seducción que emplean los hombres para conquistar a las mujeres.Hace tiempo leí un artículo muy interesante (para mí) en el Magazine de El Mundo sobre los gastrosexuales. A lo largo del articulo quitan frivolidades a este término y nos sitúan definiendo punto por punto lo que son los gastrosexuales.

Si definiésemos el perfil de un hombre Gastrosexual nos encontramos a un amante de la cocina, considerándola como un arte, un soltero (lógico por otro lado, si se trata de un arma de seducción), pero un soltero “single” ya que viven solos. Son jóvenes, perfil Mensenciero total ya que tienen entre 25 y 44 años. Y suelen manejar bastante dinero ya que son profesionales con un status elevado.

En cuanto a su perfil psicológico, el estudio los define como personas ambiciosas, apasionadas y con ganas de impresionar. Yo además sumaría que son detallistas, métodicos y encantadores.

El tema sexual ya lo dejamos para otro rato. Ya que realmente la cocina siempre, a mi juicio, ha sido un arma de seducción que en ocasiones cobra vigor por la importancia mediática de la gastronomía, como ocurre en los últimos tiempos. Lo que sí que es cierto que cada vez más hombres adoptan rolles que antes no ejercían por considerarlos propios de la mujer.

En conclusión, el tema de los gastrosexuales creo que es más por situar socialmente a un tipo de hombre que destila un estilo contemporáneo y comportamiento diferente que realmente por el tema de la seducción. No sé que opináis vosotros.

El mundo de las tendencias se mueve con frenesí cuando está sediento de nuevas víctimas y parece ser que el turno ahora es para los hombres aficionados a la cocina que logran acostarse con centenares de mujeres gracias a su arte en los fogones.

No sabemos si la cocina es la nueva guitarra para ligar, pero algo está pasando. Es cierto que el concepto “cocinillas” se quedaba corto porque siempre ha arrastrado un tufo machista. Por eso, imaginamos, se descartó para identificar a este nuevo grupo. Hombres que reivindican su lugar en el mundo desde los fogones pero lejos de los chefs profesionales. Existir, existen. Faltaba lo más importante: ponerles un nombre.

1. ¿GASTRO… QUÉ?

Detrás de una nueva etiqueta casi siempre hay una operación de márketing y el caso de los gastrosexuales no es una excepción.

Gastrosexual es una etiqueta que llega directamente desde Inglaterra. En esta ocasión, la primera empresa que acuñó el término fue Pur Asia cuando en 2008 lanzó un producto de cocina asiática pensado exclusivamente para hombres. Su idea era descubrir las motivaciones de los hombres para entrar en la cocina y contrataron a Future Foundation, una empresa líder en identificar tendencias, para clasificar a su público objetivo. El resultado se resumió en un documento donde aparecía por primera vez el concepto “gastrosexual”.  

En el documento se podía leer que “las mujeres aman a los hombres que cocinan. Se les presupone una sensibilidad y un cuidado por el detalle que añade erotismo a la escena”.

¿Pero cómo son estos gastrosexuales?   Los seductores con mandil tienen entre 25 y 40 años, profesiones liberales y un estatus social elevado. Son hombres que buscan la aprobación de su entorno y les encanta impresionar con su cocina. Esto significa mucho más que elegir los vinos más selectos o los mejores restaurantes de la ciudad. Significa arremangarse y cocinar bien con un objetivo definido: ligar.  

Dedican el tiempo que haga falta a preparar un menú original donde la ejecución y la presentación son claves. No cocinan de una manera ocasional, cocinan a diario porque reivindican la cocina como parte de su personalidad y creen que conquistando el paladar de una mujer el resto vendrá de la mano.

No falta un ingrediente, ni en la mesa ni en el ambiente. La iluminación, la música, la vajilla minimalista… Todos los detalles están cuidados para servir de marco a un menú sofisticado, posiblemente trufado de guiños a otras cocinas, tal vez francesa, tal vez oriental.

Cada vino, cada plato da pie a que el anfitrión se explaye, como quien no quiere la cosa, en un discurso acerca del origen de tal o cual ingrediente, o de la dificultad de encontrar el punto idóneo a la tempura, o del secreto para que la mousse alcance el grado óptimo de esponjosidad.

Armado con una copa de champán e irresistiblemente tentador con su delantal de diseño ceñido al cuerpo, el cocinero ha desplegado sus dotes de seducción y se dispone a envolver con ellas a unos invitados que, impresionados por el despliegue, tal vez aún no sepan que han caído en las redes de un gastrosexual.

Hasta ahora los llamábamos cocinillas, sin más, y en esa denominación había un cierto tufillo machista de quienes consideraban que el varón metido a cocinero se estaba inmiscuyendo en un terreno reservado a la mujer. Porque una cosa era que al hombre le gustara hacer la paella del domingo o la barbacoa vecinal –dejando, eso sí, todo el trabajo sucio a su señora–, y otra que se deleitara en recetas elaboradas, o que tuviera una opinión propia acerca de los bajoplatos o el punto de cocción del foie.

Pero los tiempos han cambiado y, ahora, emerge un nuevo modelo de cocinilla que no sólo defiende su papel en la cocina, sino que lo reivindica como una parte de su personalidad cool, moderna y sofisticada. Es el hombre gastrosexual, una etiqueta que llega desde Inglaterra y bajo la que se pretende dar forma y filosofía a este tipo de varones para los que cocinar es, más que un ejercicio de supervivencia, una forma de dar rienda suelta a su creatividad y una estrategia de seducción.

Así lo entiende el diseñador Baruc Corazón, quien, iniciado de la mano de su madre en los secretos básicos de la cocina –«estaba empeñada en educarme en la igualdad y en la autosuficiencia»–, poco a poco fue profundizando más en lo que considera «un auténtico arte, como la pintura. Si al principio lo mío era sólo la cocina del día a día, con el tiempo he ido descubriendo su componente lúdico, sensual y creativo. Me divierte lo que tiene de intuición, la relación que se crea con los alimentos, las posibilidades que ofrece para tu creatividad…».

Posiblemente, Baruc Corazón entraría de lleno en ese nuevo concepto de gastrosexual, aunque no nos engañemos: detrás de una etiqueta, casi siempre hay una operación de marketing, y el caso de los gastrosexuales no iba a ser una excepción. En esta ocasión, la idea partió de una empresa, Pur Asia, que el año pasado, en vísperas de lanzar un nuevo producto de cocina asiática «para cocineros seguros de sí mismos» (sic), decidió encargar a Future Foundation –una compañía líder en identificar tendencias– un estudio acerca de hombres, comida y cocina. «Queríamos saber si los hombres estaban cocinando más, por qué lo hacen y qué motiva esos deseos. Y averiguar sus habilidades culinarias y qué factores influyen en sus elecciones», explica Paul Aikens, director de marketing de Pur Asia.

Los de Future Foundation se pusieron manos a la obra. Comenzaron a investigar, encuestar y sondear, y terminaron elaborando un documento, La aparición de los gastrosexuales, que, en poco menos de 30 páginas, expone la esencia de esta nueva tribu urbana: jóvenes, de entre 25 y 44 años; de profesiones liberales y estatus social elevado –lo que les permite afrontar los gastos de ingredientes, menaje y utensilios necesarios–; ambiciosos, apasionados y con una clarísima vocación de impresionar a los demás.

En cuanto al término en sí, lo de gastro está claro, pero ¿y lo de sexual? Pues –aparte de que es evidente que todo lo que haga referencia al sexo es rentable en términos de marketing–, quienes han acuñado la palabrita de marras aseguran que es «una forma de explicar que cocina y masculinidad no sólo no están reñidos, sino que puede ser una forma atractiva de identidad masculina».

Más solteros solos. El estudio también pone de manifiesto que, gastrosexuales o no, cada vez más varones se dedican a estos menesteres. Así, señala que un 53% de los hombres prepara diariamente alguna de las comidas, y que el tiempo medio que dedican a la cocina ha pasado, en los últimos 50 años, de cinco minutos al día a 27 minutos en la actualidad.

Entre las razones sociológicas que explicarían este incremento, se apunta el número cada vez mayor de solteros que viven solos; el que haya muchas mujeres trabajando fuera de casa que demandan a sus parejas que también se involucren en el tema, y, también, que, puestos a colaborar en las tareas domésticas, meterse entre pucheros es lo que menos les disgusta: es más creativo que limpiar el polvo o fregar un inodoro…

Estos datos se refieren a Inglaterra, pero también en España la irrupción de los hombres en el reino de las cazuelas es una realidad. Catalina García-Germán, profesora y coordinadora de la Escuela de Cocina Telva, corrobora que cada vez más hombres acuden a recibir clases. «Si dejamos aparte a los que vienen en pareja, nos encontramos con dos tipos de hombres: los que se van a independizar y necesitan unas cuantas lecciones, y los que ya saben cocinar y buscan algo más elaborado. Estos últimos son verdaderos apasionados, los mejores alumnos».

Habla García-Germán de pasión, un componente que se encuentra en mucha menor medida en las féminas: «Ellos se interesan mucho más: practican en casa, ven los programas de cocina, recortan los coleccionables de los periódicos, se compran el último libro… Son muy aplicados y están mucho más abiertos. En cambio, la mujer pone menos interés». No es de extrañar: al fin y al cabo, ella sigue siendo normalmente la que cocina todos los días y va más a lo práctico, mientras que el hombre se queda fascinado con el detallito, no sólo en los menús, sino en la decoración y presentación de la mesa. Nada de duralex, vamos.

«En ese aspecto, son mucho más modernos que nosotras. Les da pereza lo de la vajilla inglesa y les importan menos los formalismos del bajoplato o el pañito de hilo para el platito del pan. Van al plato grande cuadrado y les encanta elegir para cada receta la presentación perfecta: su tacita, su jarrita… Les apasiona lo de presentar una crema en una copa de Martini, por ejemplo».

Y este mismo deslumbramiento ante el menaje se produce con las recetas: «Si en un curso enseñas a hacer lentejas, la mujer se queda con la versión tradicional de las verduritas; si das la opción de hacerlas con un poco de foie a la plancha, el hombre se entusiasma. Ahí es donde le atrapas: en la pijería, en lo sofisticado, en lo sibarita».

De las lentejas con foie a los huevos fritos con trufa. Ese es el plato favorito del fotógrafo Luis Menéndez, un apasionado de la cocina –y de la comida en general– que reconoce que, aun cuando se prepara recetas convencionales a diario, disfruta cuando se mete «a gastrónomo, poniendo esos toques diferentes, haciendo combinaciones curiosas. La trufa es muy cara, es cierto, por eso empleo una sal de trufa, exquisita y más asequible. Y el plato con el que más triunfo es con el bonito con chocolate, una receta que, aun siendo absolutamente tradicional –viene de cuando los asturianos se trajeron el mole de América–, te hace quedar como un señor».

Él se adentró en este mundo por motivos profesionales, cuando, siendo aún jovencito, acompañaba a críticos gastronómicos que le enseñaron «a entender, discernir y apreciar». También la profesión ha sido determinante para Vicente Dalmau Cebrián, conde de Creixell y propietario de las bodegas Marqués de Murrieta, quien cocina «desde hace mucho tiempo, ya que mi vinculación con el mundo del vino me ha hecho conocer la gran importancia que tienen ambos campos, y lo relacionados que están. Me interesa muchísimo el maridaje del vino con la comida. Son sorprendentes las sensaciones que un buen maridaje te puede proporcionar». Para él, se trata del «hobby perfecto, que da una gran satisfacción a alguien que, como yo, dispone de poco tiempo para estar en casa».

Más allá de motivos profesionales, el acercamiento de los hombres a los fogones puede haberse producido por múltiples razones. Así, Alfredo Escobar, responsable de departamento, admite venir «de un curso avanzado de cocina porque mi madre es una excelente cocinera. Desde pequeño he comido el roast beef en su punto y he visto elaborar el consomé de Navidad durante días y colarlo de forma tradicional con una sábana».

Arma de seducción. Otras veces es el momento de la emancipación el que propicia esa aproximación, y así lo recuerda el interiorista Agustín Granell, quien recuerda que comenzó a cocinar «cuando me independicé, a los 22 años. Desde entonces, es un vínculo con lo natural, participas de ello con las manos y elaboras con utensilios sencillos, libres de toda sofisticación».

Elegancia, armonía y sencillez son, a su juicio, «indispensables para un hombre que cocine, y éstas son cualidades que cualquier mujer sabe apreciar».

Nos adentramos así en otro terreno, más escurridizo, el de los que utilizan su buen hacer culinario como estrategia de seducción (una de las características comunes a muchos de los llamados gastrosexuales). Para Granell, «el sentido del gusto es importante para iniciar una relación, siempre he utilizado la cocina para conquistar y, además, la frase ‘el amor entra por el estómago’ es cierta. Aunque hay que tener cuidado: recuerdo que, preparando una cena romántica con mi pareja, elaboré unos platos con cierto toque picante por aquello de que es afrodisiaco, pero me pasé de proporciones y la cosa terminó con unas bocas ardientes y no precisamente de pasión… Un truco personal: comer con las manos fresas confitadas con licor. Es muy sexy».

Niklas Gustafson es un joven emprendedor que a los 27 años dejó su Suecia natal y se mudó a Madrid para montar su propia empresa de venta online de cartuchos de tinta. Apasionado de la cocina –y de sus posibilidades en el terreno de la conquista amorosa– ha publicado el libro Cocinar para seducir (Ed. El tercer nombre, 2005). «Mi propuesta es disfrutar la cocina mediante todos los sentidos: vista, olfato, tacto y gusto, y por ello ofrezco una serie de conjuros, escondidos bajo la forma de recetas, para conquistar al ser amado».

También Baruc Corazón reconoce la capacidad de seducción de una buena cena: «Todo lo que es cocina es sensual: hablas de bocas, manos, miradas… Todo es sensorial. Ahora bien, la verdad es que soy poco zorro en ese sentido; cocino con gusto y lo ofrezco, pero no trazo un plan, premeditado, de conquista. Al nivel que yo funciono, la seducción viene más por el lado del vino y del champán, así como por el ambiente que estás creando alrededor. Pero siempre hay cosas que ayudan mucho, como un buen foie».

A algunos les ayuda el foie, a la mayoría la pasión en lo que hacen y a todos la admiración que obtienen de sus invitados. Porque, aun siendo muy sibaritas y muy modernos, el rasgo principal del gastrosexual es su deseo de lucirse.

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ANATOMÍA DE UN GASTROSEXUAL

Lo mueve el deseo de impresionar. Al gastrosexual le empuja la perspectiva del reconocimiento a un trabajo bien hecho, la idea de que un alarde de habilidad culinaria le hará mucho más atractivo. Así, está a la vanguardia de las nuevas cenas en grupo: el 52% de los hombres menores de 44 años cocina para su círculo de amistades al menos una vez al mes.Siente que coopera en casa, pero con estilo. La cocina, como la limpieza, es una parte esencial del trabajo doméstico, pero se ha elevado por encima de él: nadie elogia cómo se ha planchado el cuello de la camisa o si brillan los cristales; en cambio, sí se alaba lo que se come.

Quiere gritar al mundo lo moderno que es. El gastrosexual no cocina sólo para saciar su hambre, sino que, de alguna manera, le está diciendo al mundo lo cool que es. Si nosotros somos lo que comemos, el gastrosexual es lo que cocina. Cocinar es para él una parte importante de su identidad y de su vida social. En palabras de Dan Davies, editor de la revista Esquire, “la capacidad de cocinar hará a un hombre más sofisticado, más moderno y estar más al día de lo que ocurre a su alrededor”. Está bien situado socialmente. Se deja impresionar por las habilidades culinarias y puede afrontar los gastos: ingredientes y equipo de cocina sofisticados.

LA OPINIÓN DEL EXPERTO

Quienes alguna vez se han acercado a Viridiana o han tenido ocasión de leer sus libros saben del refinado humor y la sutil ironía de Abraham García. Desde su atalaya de viejo zorro mira, observa, pondera y analiza todo aquello que tenga que ver con la gastronomía, y en una única frase define el porqué de ese progresivo acercamiento del varón a las ollas: “Porque no saben qué hacer con su ocio”. Eso sí, a continuación matiza: “Ojo, no confundir con el paro, que las diferencias son las mismas que entre un turista y un fugitivo. Otra razón de peso es la desmesurada, e inmerecida, popularidad que hemos adquirido los astros de la cocina. Y conste que me incluyo para no molestar, pero a sabiendas de que mi estela es más efímera que el humo de mi habano”.Los hombres han irrumpido en las cocinas, feudo tradicional de las mujeres, le decimos, y él puntualiza: “En la sociedad campesina, de la que orgullosamente desciendo, había ciertos platos, como el gazpacho o las migas, que eran exclusivamente masculinos. Con ellos me desvirgué yo en tan placentera artesanía”. ¿Y por qué en las cocinas profesionales los hombres ganan por mayoría? “Posiblemente es un atavismo, por fortuna abolido, de cuando el carné de ellas –sin duda más capacitadas para todo y especialmente para los trabajos que requieren altas dosis de sensibilidad– aún nos avergonzaba con el eufemismo ‘de profesión, sus labores’”.

Hablamos de ese elemento de reconocimiento que tan presente está en el varón cocinero de hoy, y Abraham aprovecha para afilar su lengua: “El noble vicio de jugar a las comiditas por parte de los hombres, salvo excepciones, es un puro ejercicio de vanidad. Es curioso que en casi todos los desaguisados en que he participado, como víctima y comensal, ninguno pretendía aproximarse a los platos festivos del ama de casa, y menos aún a la venerada cocina sencilla y estacional de nuestras madres, sino vanamente emular a los cocineros de moda. ¡Epatar, aunque sea a cero!”.

En el terreno de la seducción, Abraham no duda de las oportunidades que puede brindar y ofrece un consejo: “Cocinar platos sencillos que domine a la perfección y utilizar siempre productos frescos y cotidianos que suelan gustar a la mayoría”. ¿El ambiente adecuado? “Que la tamizada luz no perturbe la fragilidad del champán rosado.

Súbanla un poquito, cuando llegue el chocolate”. Y un último truco para terminar: “No hay mejor música que una buena conversación.

Déjenlas hablar”.

UNA COCINA DISEÑADA PARA ELLOS

El hombre en la cocina es tendencia, y de eso sabe mucho Ponggenpohl (http://www.poggenpohl.de), la primera marca alemana de cocinas, cuyo nombre va unido al lujo y a la exclusividad. Así que, puestos a innovar, ha decidido crear el primer modelo dirigido única y expclusivamente al varón. Se trata, claro está, de un diseño minimalista, realizado en cristal y aluminio lacado, y que puede incorporar un sistema de alta tecnología de audio y vídeo. Por si alguien tenía alguna duda, está diseñada por Porsche.

 RAFAEL MEDINA, | DUQUE DE FERIA
“Si te gusta la cocina, tiene que gustarte ir al mercado”

Es duque de Feria, empresario de Scalpers –que surgió como un modesto atelier para comercializar corbatas exclusivas y que ya ha producido su primera colección prêt à porter– y, un poco a su pesar, personaje asiduo de la prensa del colorín. Muy celoso de su vida privada, ha accedido a desvelar una de sus facetas más desconocidas, la de cocinero vocacional. Y así, con las manos en la masa, Rafael Medina se deja fotografiar y habla de cómo, para él, la cocina forma parte de su estilo de vida.P.Acostumbrados a verle en eventos rodeados de glamour, sorprende observarle entre fogones… ¿Desde cuándo le viene esa afición por la cocina?

R.Hay una parte de herencia. A mi familia, sobre todo a la materna, siempre le ha gustado mucho cocinar. Mi tío Antonio fue el que me inculcó el amor por la cocina y por todo lo que la rodea. Porque creo que para poder decir que esto te gusta, te tiene que atraer también el ir al mercado, elegir los utensilios… Él me enseñó todo lo básico y después, como me fui a vivir solo muy joven–tenía 18 años–, pues fui poniéndolo en práctica. Ahora forma parte de mi estilo de vida. Igual que a otros les gusta el deporte, y no sólo no les cuesta trabajo entrenar, sino que lo disfrutan, a mí me gusta la cocina y lo paso bien.

P. Lo suyo, ¿es más una cocina del día a día, o reserva sus habilidades para cuando tiene invitados?

R. Las dos cosas. Últimamente, con el trajín de vuelos, horarios y trabajo, no dispongo de demasiado tiempo para hacerme la comida, pero siempre que puedo cocino para mí. Hoy mismo, por ejemplo, después de haber ido a correr al Retiro, me he hecho una pasta y una ensalada. Pero el viernes pasado cociné para 10 personas…

P. Muchos hombres reconocen que les gusta cocinar para impresionar a sus invitados. ¿Es su caso?

R. Me encanta hacer cosas especiales, pero no se trata de deslumbrar ni de preparar platos muy elaborados, sino de preparar algo diferente que sientas que van a apreciar. Y no nos engañemos: también es cierto que hay gente que, le pongas lo que le pongas, le importa un bledo. A mí, más que impresionar, me gusta que los comensales estén a gusto, disfrutando de una comida especial. Pero no tanto por la comida en sí, que puede ser muy sencilla, sino porque valoran que has ido al mercado, te has fijado en los detalles, les has dedicado tu tiempo.

P. ¿Qué cocina se le da mejor?

R. La mediterránea. Lo esencial es una buena materia prima, la cocina muy rebuscada no me atrae. Prefiero comprar una buena carne y hacerla vuelta y vuelta, que cocinarme la supermegasalsa. No me gusta enmascarar sabores y, además, en España tenemos la mejor materia prima.

P. ¿Y no le atrae la cocina asiática, tan de moda?

R. Me encanta. Yo podría vivir del sushi toda la vida, soy adicto a él. Me fascina cómo combinan los sabores con los pescados y las verduras. Muchas veces me he planteado dar clases, pero no tengo tiempo.

P. Con tan poco tiempo, ¿cómo aprende nuevos secretos de cocina?

R. Viajando. Si tienes los ojos abiertos y te fijas, aprendes platos nuevos y otras maneras de hacer. El fin de semana pasado estuve en Bilbao y tomé unas almejas hechas de una manera espectacular, y un rodaballo que se me saltaban las lágrimas. Además, soy un poco friki del Canal Cocina, me encanta verlo.

P. ¿Cómo elige un menú?

R. Pues atendiendo un poco al sitio donde estás. Debes jugar con las materias primas que tienes y con el entorno. Si estoy en la playa, probablemente no se me va a ocurrir hacer un asado, sino que compraré unas almejas o un buen pescado del día y tiraré por ahí. Y si voy a la montaña, no pondré unas gambas, sino un plato más contundente.

P. ¿Entiende la cocina como un arte?

R. Para muchos cocineros quizás lo sea. Para mí, es, sencillamente, un estilo de vida, en absoluto un arte. Definitivamente, yo soy de apostar por una buena materia prima antes que por algo muy rebuscado. Las espumas o la tortilla de patatas deconstruida… Eso no es lo mío. Donde esté un buen par de huevos de corral con unas buenas patatas fritas…

P. ¿Y como seducción?

R. Creo que, de cara a una pareja, lo que aporta un hombre en la cocina es que está colaborando. Y, así, estás haciendo más fácil la convivencia. Si partimos de la idea de que la mujer era la que tenía que estar en la cocina –que no siempre es así–, pues sin duda le gustará que el hombre también participe.

P. ¿Nunca ha utilizado sus artes como cocinero para conquistar?

R. No, no las he utilizado para seducir. Pero sí me he dado cuenta de que hay mucha gente a la que todavía le impresiona o extraña que a un tío le guste tanto ir al mercado, ser un sibarita a la hora de comprar un pescado o una verdura y que disfrute tirándose dos horas en la cocina.

P. ¿Es más sexy un hombre en delantal que una mujer?

R. ¿Más sexy? Bueno, tal vez porque sea menos habitual. Eso mismo lo puedes hacer extensible a ver un hombre en el mercado, ¿no?

P. Más allá de la cocina, ¿cuida también la presentación de la mesa?

R. Me encanta, lo he vivido desde pequeño: me gustaba ver cómo ponían la mesa y cuidaban los pequeños detalles. Y ahora yo también los cuido: un aperitivo, la música de fondo, velas si se trata de una cena, la decoración si estás en la terraza… Todo eso es importante.

P. ¿Qué es lo que no puede faltar en una cena especial?

R. Un buen vino en copa grande.

P. ¿Y lo que nunca hay en su mesa?

R. Un vasito pequeño lleno de palillos.

P. ¿Su menú para una cena íntima?

R. Ensalada fresca con rúcula, remolacha en juliana, hinojo, aceite y limón. De segundo, un atún rojo vuelta y vuelta, con unas verduritas que hago un pelín al vapor y que luego marco a la brasa, para que queden crujientes. De postre, algo muy rico que me encanta hacer en verano: macerar fresas en jugo de limón con azúcar. Te comes las fresas y, al jugo, le echas hielo y un chorrito de vodka y te queda de cine.

Fuente:

http://www.trendenciashombre.com/cajon-de-sastre/gastrosexuales.

http://www.playgroundmag.net/food/Gastrosexuales-hombres-cocinan-ligar_0_1854414544.html

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2009/502/1241688190.html

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